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Gestión pública vs. gestión privada: un debate obsoleto anclado en las ideologías

Desde hace bastante tiempo frente a la puerta principal del hospital Vall d’Hebron de Barcelona suelen concentrarse unos pocos ciudadanos de edad avanzada que protestan pacíficamente y con perseverancia. Si no recuerdo mal, las papeletas que reparten y las pancartas que exhiben son alegatos contra los recortes presupuestarios recientes, reclaman que la sanidad sea universal, de gestión pública exclusiva y se dote con tantos recursos como sea necesario para que las urgencias se atiendan sin demora y desaparezcan las siempre impopulares listas de espera. Se trata pues de reivindicaciones que llevan tiempo en el candelero. Demasiado.

Vaya por delante que la gente mayor que se revela cuando pisotean sus derechos más elementales y que, además, haga el esfuerzo diario de ir hasta allí haga frío o calor y llueva o no, cuenta con mi admiración, respeto y empatía, tanto más cuanto también considero que la sanidad universal es uno de los pilares fundamentales del estado del bienestar y que, por tanto, todos deberíamos defenderla con uñas y dientes.

No obstante, en tanto que profesional de la salud que acumula más de treinta años de experiencia ejerciendo muy diversas funciones en el sistema público y privado, no logro entender que, después de años, un tema tan trascendental y susceptible de ser analizado objetivamente se debata casi exclusivamente desde posiciones ideológicas enrocadas como si esta fuera una cuestión de principios en la que solo vale proclamar consignas con frecuencia demagógicas y alzar la voz cuanto más alta mejor.

En efecto, la gran mayoría de políticos calificados de izquierdas –nuevas y viejas–, sindicatos al completo, muchos funcionarios del sector, e incluso profesores universitarios confunden –o eso parece– gestión privada con privatización de la sanidad, cuando es obvio que se trata de cuestiones bien distintas. Así, se acusa a la gestión privada de selección adversa de pacientes; esto es, los enfermos que padecen enfermedades de costes elevados se derivarían a los centros públicos, mientras que los centros de gestión privada se quedarían con las patologías sencillas que son más baratas y por tanto más rentables, o de ser una estratagema más del sistema para esquilmar el erario en beneficio de unos pocos y en detrimento del interés general; o simplemente, de ser un modelo más caro.

Tal vez sea así, pero lo cierto es que hasta la fecha los datos aportados al respecto en un u otro sentido son poco comparables sea por incompletos, usar fuentes de datos poco fiables, resultar de metodologías inconsistentes o de estar presuntamente sesgados por conflictos de interés evidentes1, 2, 3, 4.

Es muy probable que esta controversia fuera mucho más fructífera y beneficiosa, tanto para el sistema de salud como para sus usuarios y sus gestores, si en lugar de gastar los ya de por sí mermados recursos disponibles tratando de justificar empíricamente ideas preconcebidas, los dedicáramos a evaluar la eficiencia de determinados dispositivos asistenciales en un y otro modelo de gestión; es decir, a analizar la relación coste-beneficio, coste-utilidad y coste-efectividad de medidas y dispositivos asistenciales y/o programas preventivos muy concretas como son por ejemplo:

  • El recorrido que debe hacer un paciente afecto de una enfermedad crónica a través del sistema para ser atendido (patient journey).
  • Impacto de un servicio de urgencias centralizado vs dispositivos de atención continuada integrados en AP.
  • ¿Son efectivos los planes de atención individualizada?
  • ¿Mejoran la calidad asistencial los procesos asistenciales integrados o PAI?
  • ¿Dónde es más eficaz un gestor de casos, en AP o en el servicio hospitalario correspondiente?
  • ¿Debe estar integrada la actividad terciaria en un único centro de referencia, o es mejor que cada centro asuma la que se produzca en su territorio?
  • Impacto potencial de la introducción de un nuevo fármaco más caro y eficaz para atender una patología prevalente.

En cualquier caso, la coexistencia de diversos modelos de gestión en el sistema sanitario añade valor por sí mismo, ya que, como mínimo, permite el benchmarking y estimula la competencia de los profesionales. Y en sentido inverso, la homogeneidad por decreto conduce inexorablemente al anquilosamiento y, por tanto, empobrece al sistema nacional de salud.

REFERENCIAS:

  1. http://ccaa.elpais.com/ccaa/2017/03/28/valencia/1490687933_974918.html. Consultado el 8 de mayo de 2017.
  2. http://sociedad.elpais.com/sociedad/2013/01/21/actualidad/1358795220_595513.html. Consultado el 8 de mayo de 2017.
  3. http://www.pwc.es/es/sala-prensa/notas-prensa/assets/desayuno-sanidad-241110.pdf
  4. http://www.libremercado.com/2012-12-11/los-hospitales-de-gestion-privada-son-un-27-mas-baratos-1276476537/. Consultado el 8 de mayo de 2017.