summer_2017

Elija las vacaciones que más le convengan. Algunas sugerencias

Al igual que ocurre con la alimentación, no es posible hablar de unas vacaciones ideales para todo el mundo, porque aquí la excelencia también depende de la edad, la situación social, las posibilidades económicas y las preferencias personales. Sin ir más lejos, está claro que hay quien disfruta a tope yendo de descarga en descarga de adrenalina, en tanto que otros para gozar requieren de un tiempo de paz, relax y tranquilidad.

Sin embargo, la realidad demuestra que con cierta frecuencia las vacaciones no se diseñan adecuadamente; de otro modo no se explica porque, al parecer, la tasa de ruptura de parejas se dispara al terminar el período vacacional, o porque, hoy en día, son tan comunes las depresiones postvacacionales. Es por ello que, sin ánimo alguno de sentar cátedra y con cierto sentido del humor, nos atrevemos a dar ciertos consejos. Ahí van…

A los jóvenes adictos a la adrenalina les conviene hacer planes trepidantes que, de ser posible, incluyan deportes de riesgo (puenting, parapente, escalada, descenso de rápidos, paracaidismo, visitar zonas en conflicto, etc.); aunque un buen consejo en estos casos es no dejarse llevar por un exceso de entusiasmo; es decir, procurar no pasarse de riesgo. No vaya a ser que las vacaciones acaben en un hospital o aún peor.

En cambio, para los jóvenes más apacibles que disfrutan descubriendo mundo y otras culturas, es aconsejable que llenen una mochila con lo más imprescindible y se lancen a la aventura sin itinerario preestablecido por algún territorio que aún no haya profanado el turismo de masas; porque, afortunadamente, todavía quedan en el planeta muchos lugares en los que la naturaleza todavía puede sorprendernos e incluso hacer que despierten todos nuestros sentidos.

Sin embargo, la cosa es bien distinta si usted tiene pareja y algún que otro hijo menor. En estos casos conviene priorizar la seguridad y asegurar la oferta de entretenimiento familiar. Así, alquilar un apartamento cerca de una playa concurrida con sombrilla, tumbona y chiringuito para aperitivos, y/o pasar unos días con los niños en un parque temático puede ser muy buena idea; aunque si su hijo/a es adolescente, no le dé más vueltas. No se preocupe. No pierda el tiempo. Haga lo que haga, a él o a ella le parecerá mal.

Pero si usted ya tiene cierta edad y pocas ganas de sobresaltos, tal vez le convenga contratar un crucero por el Mediterráneo o, mejor, por el Caribe y/o pasar unos días en algún resort con pulsera “todo incluido”; y si aún le queda cierto espíritu aventurero –que de todo hay- puede que prefiera irse de safari fotográfico por algún parque africano guiado por europeos expertos que le garantizarán avistamientos y fotos inolvidables de animales salvajes sin correr el más mínimo peligro.

En caso de que ya esté jubilado nuestro mejor consejo es que aproveche alguna de las muchas y buenas ofertas que proporciona el IMSERSO; y si después de pasar unos días con otros abuelos todavía le queda tiempo, ganas y dinero para continuar gozando del dolce far niente, las aguas termales y unos buenos masajes profesionales pueden ser un plan imbatible a partir de los 65 años.

Y si por compromisos familiares o limitaciones económicas se inclina por compartir un pequeño apartamento en mar o montaña con hermanas/os, cuñados/as, sobrin@, padres o suegros, le sugerimos que en lugar de amargarse la vida usted mismo y fastidiar a su familia, mejor se consiga un buen libro de divulgación de psicología positiva y aplique punto por punto los principios y consejos que allí encontrará. Seguro que usted y los suyos lo agradecerán.

No obstante, a los que por una u otra razón durante estos días les toca permanecer al pie del cañón se les agradecerá cantidad que respeten el descanso de colegas y compañeros evitando emails y demás comunicaciones de contenido laboral no urgente al objeto de no interrumpir la necesaria e higiénica desconexión que propicie una buena productividad a la vuelta.

Sea cual fuere la opción elegida, tal vez lo más importante es aprovechar este tiempo de calma para reestablecer el equilibrio emocional y recobrar la serenidad necesaria para alcanzar la claridad mental que conduce a la bondad y a la generosidad hacia los demás; puesto que sin ellas es imposible la salud mental propia y aún menos la felicidad personal; porque, aunque haya quién crea lo contrario, lo cierto es que la generosidad es mucho más rentable que la codicia y la bondad aún más poderosa que la inteligencia.