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De la chispa de la vida a repartir felicidad. ¿Qué se entenderá por publicidad engañosa?

Basta con una búsqueda rápida por Internet para comprobar que el término “engañoso” referido a la publicidad no solo no puede ser más ambiguo, sino que la inmensa mayoría de compañías –por no decir todas- que invierten cantidades ingentes de recursos para convencernos de que lo mejor que podemos hacer con nuestro dinero es adquirir sus productos o servicios mediante cualquiera de los muchos canales publicitarios que operan en la actualidad, les trae sin cuidado que haya o no la más mínima correspondencia entre los mensajes que transmiten y la realidad.

Sin embargo, una cosa es ingeniárselas para destacar aspectos positivos de aquello que se pretende vender para, de esta forma, incentivar a los consumidores, lo cual no parece ni ética ni legalmente reprobable, y otra bien distinta es bombardear al sufrido potencial consumidor con falsedades que en el mejor de los casos lo desinforman y confunden y en el peor, simple y llanamente, le están estafando y actuando impunemente contra su salud. Y para muestra un botón.

Si llamarle “chispa de la vida” a un refresco edulcorado inyectado de gas carbónico de sabor infame es cuando menos una frivolidad de primer orden, afirmar que se está “repartiendo felicidad” cuando uno se dedica a la venta de un número ingente de productos cuyo componente más común es el azúcar, sus derivados y/o sus sustitutivos sintéticos de inocuidad más que dudosa es un caso obvio y diáfano de publicidad engañosa.

Al menos por una vez que quede claro. En lugar de felicidad esta multinacional está contribuyendo de manera muy activa a promover la obesidad infantil y adulta, a propagar la epidemia de diabetes mellitus tipo II que está asolando de forma creciente a escala mundial, a incrementar de forma significativa la morbi-mortalidad cardiovascular y, muy probablemente, a aumentar la incidencia de varios tipos de cáncer. Así las cosas, cabe preguntarse ¿qué esperan las autoridades sanitarias para actuar?