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Cierto: cualquier sistema se mueve en el sentido que investiga

No puede menos que llamar la atención que después de transcurrido, como mínimo, más de un siglo desde la fundación de las primeras escuelas de negocios se hayan desarrollado tantos modelos de dirección y gestión cuyos esfuerzos intelectuales y recursos estén centrados casi exclusivamente en la detección, análisis y resolución de sus carencias en lugar de desarrollar técnicas y estrategias que identifiquen, profundicen y desarrollen las habilidades –muchas o pocas– que posee con toda seguridad cualquier persona, grupo humano y/o organización al objeto de progresar basándose en sus fortalezas.

Pues bien, éste es uno de los principales pilares en los que se asientan los modelos de indagación apreciativa (Appreciative Inquiry), AI, por su acrónimo en inglés  En efecto, tal como argumenta Miriam Subirana, una de las consultoras referentes de la AI en nuestro país, “la filosofía básica de IA acoge relacionamientos positivos y se construye sobre bondades básicas en una persona, situación u organización (…). La AI es un proceso y una metodología que impulsa el cambio, incrementa las fortalezas y las convierte en hábitos, promueve el crecimiento, la ilusión y la motivación”1, 2. Así, con el tiempo, la implantación efectiva de la AI requiere que, si no todos, la gran mayoría de sus miembros dirijan su atención a explorar en qué dirección profesional desean crecer para contribuir de forma determinante al éxito del proyecto común, denominado “sueño” en el argot de la AI.

Y para ello, entre otros cambios significativos, es indispensable que la organización cambie también su forma de cambiar; es decir, tal como subraya Fernando Iglesias, también introductor y referente intelectual de la AI en España3, se trata de materializar tres capacidades mediante un proceso de co-creación:

  • Movilizar a muchos hacia una misma visión de futuro acelerando la velocidad de cambio.
  • Utilizar la inteligencia y acción colectiva en el día a día aumentando la productividad y la velocidad de ejecución.
  • Aprender más rápido que los cambios del entorno.

En definitiva, para D. L. Cooperrider, alma mater de la AI, “es la búsqueda cooperativa de lo mejor en las personas, sus organizaciones y el mundo que los rodea. Implica el descubrimiento sistemático de lo que da al sistema una “vida” cuando es más efectivo y capaz en términos económicos, ecológicos y humanos”5. Así pues, en sentido estricto, la AI pretende no solo trascender, sino también revolucionar el ámbito laboral tradicional, actualmente lastrado por una profunda crisis de valores. Y justo ahí reside el mayor obstáculo que debe superar la AI; porque una cosa es querer progresar profesionalmente –un deseo muy generalizado– y otra –mucho más ardua y costosa– es estar dispuesto a invertir el tiempo y recursos propios necesarios para adquirir nuevas habilidades que nos permitan alcanzar mayores cuotas de responsabilidad, crecimiento y autonomía profesional.

  1. http://www.institutoideia.es/indagacion-apreciativa/que-es-la-indagacion-apreciativa/ Consultado el 3/5/2017
  2. http://www.miriamsubirana.com/indagacion-apreciativa-2. Consultado el 3/5/2017
  3. http://www.madavi.es/ Consultado el 3/5/2017
  4. https://appreciativeinquiry.champlain.edu/learn/resources-all/ Consultado el 16/6/2017.
  5. Cooperrider, D.L. & Whitney, D., “Investigación Apreciativa: Una revolución positiva en el cambio.” En P. Holman y T. Devane (eds.), The Change Handbook, Berrett-Koehler Publishers, Inc